Una mirada al sol.

Solo tenía los rastros efímeros de la mañana humeante.

Las huellas marcadas de la noche fugaz,
los sueños de un andante en vigilia
de una imaginación maratonista y de unas ganas kilométricas.

Los pies de un descalzo sin manos,
de una alfarería sin arcilla,
de las menospreciadas ganas de correr hacía el.

Las libélulas de cristal,
el camino de carbón
las hojas de agua y el agua de savia,
Fluorescencia del sol en las mejillas de aquel hombre
que amé.

Hombre que sabe
                           / Siente
                             / Vive
                               / y muere.
En el mismo camino donde corre
por razones inciertas.
Quizá por algún llamado esotérico
o por que al final sabe que verá el sol y no podrá tocarlo.

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